LA FUERZA Y EL PODER DE LA MUJER DE HOY

A estas alturas del siglo XXI, nadie duda que la mujer no es el sexo débil.

Pero todavía hay mucha confusión sobre en qué reside su actual fuerza y el mayor poder que su voz detenta a nivel global.

En mi opinión, la verdadera fuerza de la mujer radica, en parte, en la forma en que lidia con su pasado. Una mujer poderosa no se define por lo que un hombre le hizo en su niñez, adolescencia, juventud o adultez, por lo que él hizo o dijo que la hirió o dañó en alguna medida.

La fuerza femenina se manifiesta en la forma en que ella logra sobreponerse al dolor y la adversidad, por la forma en que crece emocional y espiritualmente con cada golpe, por la forma en que sana sus heridas, en que se ama sacando a ese hombre tóxico de su vida, en que vuelve a empezar una y otra vez, en que, tal vez, hasta se reinventa a sí misma.

Su fuerza le permite experimentar el dolor de la ruptura amorosa con dignidad, haciendo algo concreto por salir de la trampa donde una situación determinada la quiere inmovilizar, alzándose por encima de sus circunstancias.

El poder de una mujer no reside en querer actuar y pensar como un hombre.

Mucho menos en considerarlo un enemigo con el que competir a como dé lugar. Cuando las mujeres casadas se creen “fuertes” y “poderosas” de la manera equivocada, tratan a sus esposos como si ellas fueran sus madres o sus jefes, como si ellos fueran niños a quienes se corrige y se da órdenes … y entonces esos hombres van perdiendo su condición de líderes en sus hogares porque es su mujer la que lleva los pantalones.

Un círculo vicioso que nunca conduce a buen puerto.

La fuerza y el poder de la mujer no pueden fundamentarse en la castración del hombre. Nosotras crecemos más, emocional y espiritualmente, mientras más los admiramos, apreciamos, valoramos y respetamos. Porque somos diferentes, gracias a Dios, no tenemos por qué competir con los hombres. Dios creó a la mujer para COMPLEMENTAR al hombre, para ser su ayuda idónea, no para ser su cabeza.

La mujer fuerte y poderosa no piensa mal de su hombre, ni lo contradice por el mero afán de ganar una discusión, ni lo ataca, ni lo acusa, ni lo culpa. Confía en él. Tiene fe en él.

Elije hacer énfasis en las virtudes de su amado y no en sus defectos. Ella sabe que son un equipo y como tal saldrán adelante en la vida, juntos, como una sola carne y dos almas en la misma sintonía, en la misma frecuencia, empoderadas por el mismo sueño.

Ella anhela ser su brazo derecho, su compañera en las buenas y en las malas, su enfermera cuando él requiera de sus cuidados, su amiga, su confidente, la voz dulce y tierna que acaricia sus oídos con palabras que lo elogian, motivan y alientan, su esposa y su amante.

Es hora de recuperar la femineidad original del diseño divino.
La mujer fue creada como solución para un problema.

En el libro del Genesis se nos cuenta que, mirando a Adán, Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” …y entonces Dios creó a Eva…como ayuda idónea del hombre, como complemento perfecto para su cuerpo y para su alma.

Dios creó a Eva de la costilla de Adán, no de los pies para que él la pisoteara, ni de la cabeza como para que ella lo gobernara, sino de su costado, para que estuviera siempre muy cerca de su corazón.

No renunciemos a esta nuestra esencia femenina porque en ella reside, precisamente, nuestra fuerza y nuestro poder.

“Las mujeres poderosas intimidan a los hombres…Si ella es una mujer muy reconocida, que se destaca en su carrera, famosa… en ese caso, los hombres de verdad le tienen miedo” (Donatella Versace)

(Ver video de ponencia de La Dra Amor sobre este tema en Books&Books de Coral Gables, Florida)

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